martes, 26 de enero de 2010

LAZARO MORALES RAMOS



Lázaro nació el 17 de diciembre de 1918 en Caguas Puerto Rico. Sus padres fueron Juan Morales Díaz y Leonarda Ramos Lozada.

Tuvo seis (6) hermanos: Casildo (Casito), Juan María (Moralito), Bruno, Florencio (Ramito), Isabel y Luis (Luisito).

Estaba casado con Eusebia Pizarro Moreno. Sus hijos son Juan (Titín), Germán, Mirta, Fran (Panchy), Iris, Norma, Héctor (Totin), Minerva, María (Mayi), Magda (Betty) y Lourdes.

Sus nietos son:
Gerardo y María Del Mar
Valmiri (Mirita), Leila y Osvaldo (Junito)
Wanda, Rubén (Kiro), Oscar
Jason
Denison, Harry, Norliz y Kevin
Adrienne, Héctor, Sharon
Lisenia, Janice y Jo-Anna
Javier, Magaly, Edwin Javier y Melody
Michelle, Joel, Héctor Daniel (Danny) y Lady Emily
Loriette, Isabel y Lourdes (Lully)

Trabajó en los cañaverales y en construcción para llevar el sustento de cada día a su hogar. También labró la tierra y cultivó frutos caseros. Alcanzó su pensión por edad del Seguro Social.

Murió a los 79 años, el 26 de marzo de 1998 de muerte súbita en el Hospital San Pablo de Bayamón, Puerto Rico.

RECORDEMOS:
Algunas de sus frases eran:
§ Lo poco agrada y lo mucho enfada.
§ Po’ ahí pa’bajo.
§ ¡Ay, Virgen del Carmen!
§ A las 6 de la tarde cierro el portón y el que no haya venido a visitar hasta esta hora que se vaya pa’l cxxxxo.
§ Yo quiero saber quién me le dio una pedrá a Populá (el perro).
§ Yo no quiero droguistas en casa.
§ Del palo de almendra pa’bajo no pasa.
§ Se fue pa’ Nova Yol (Nueva York) por Isten Eilain (Eastern Air Lines), d’iba pa’ Cuesnerico (Connecticut), pero segurito que llega a Bufalo.
§ Ok, my friend.
§ Clou yur mau (Close your mouth).
§ Soy Lázaro Morales Ramos aquí y donde quiera.
§ Cantaba la frase “amor, amooooooor”.
§ Asina mesmo (Así mismo)

Cuando pedían la mano de sus hijas la mano de sus hijas les advertía a los novios:
§ Le doy tres (3) meses pa’ que se casen.
§ En la semana no los quiero por aquí, porque yo madrugo a trabajar.
§ Los domingos la visita es hasta las siete (7) de la noche.
§ Si te casas con ella recuerda que te doy mujer y no hija, porque aquí yo jamás he “levantau” la mano pa’ ninguna de ellas.

Sentía respeto por los difuntos y no permitía a sus hijos las burlas o chistes sobre ese tema. Aunque recordamos que cuando se enteraba que alguien murió decía:
§ Ese no come más arroz ni habichuela.
§ Pa’ pichón mucho voló.
§ Más arroz sobra.
§ No voy a di’l pa su entierro porque él no va pa’l mio.

Un día en el estacionamiento del Supermercado Plaza notó que un muchacho de mal aspecto lo perseguía. Deteniéndose, lo miró y le gritó: “¿Qué pasa, me vas a asaltar, cantu’e c#xb&n.?” El joven se asustó, giró sobre talones y se fue corriendo.

Otro día mientras jugaba dominó en el negocio de Ayala, unos individuos entraron a asaltar. Los miró, levantó las manos y les dijo “Toy pelau”.

Una mañana subió encima de la casa y cayó de una altura de casi 6 pies. Estuvo en la Sala de Emergencia y durante su convalecencia mantenía la frase: “Ayyyyy cxxo, aay cxxo”. Diagnosticaron contusión en el brazo, costilla rota y hombro dislocado. Aún así se sentaba en su silla, mientras miraba desde su balcón los que subían y bajaban.

Contaba con mucha gracia que Mirta lo llevó al médico por unos mareos y le hicieron unos estudios. Como ya estaba un poco sordo el Dr. Castillo le dijo en tono bien alto: “Don Lázaro, tiene que ponerse un marcapaso. Los mareos son porque su corazón está débil y cuando no llega la sangre al cerebro siente esos mareos, pero por si no me entiende le quiero explicar esto… Si usted no se hace esa operación, sabe que crrrrrash”, mientras se pasaba el dedo por debajo del cuello, como si se lo cortaran. Enseguida le contestó: “Sí, doctor. Opéreme”.

Recordaba que la operación fue un Viernes Santo y que antes de entrar a la Sala de Operaciones persignándose, se encomendó a Dios. Cuando despertó de la anestesia decía: “Al lado de mi cama estaba una de mis hijas llorando y le pregunté ¿Mi’ja porqué tu lloras, si yo no me he muerto todavía?” Dijo en su pensamiento: “Si la veo es porque no me morí” y poco a poco miró el resto del cuarto.

Una de sus nueras llegó con un recorte nuevo sintiéndose glamorosa con su peinado nuevo. Tan pronto la vio le dijo: “Adiós, pero si la recortaron como la gallina bola del Compay Sené”.

Un chiste que hacía: “Cuando yo trabajaba con Pepe Berríos al lado del Manicomio, ya era la hora de d’ilme y vi unos locos que estaban jugando pelota. Seguí caminando porque les tengo un poco de miedo, pero con el rabo del ojo, vi que un loco se me esmandó detrás. Me dije: Mmmm. ¿Patitas, pa’ que las quiero? Eché a correr, pero si rápido yo corría, más rápido corría el condenaú loco y como ellos nunca se cansan… Ya me faltaba el aire y me rendí. Me tiré al suelo pensando, éste me va a matar. El loco cuando me vio en el piso, levantó la bola que tenía en la mano, me tocó y me gritó “Out”. Se fue otra vez por donde vino y a mí me volvió el alma al cuerpo”.

Era fanático de los juegos de pelota. Su equipo favorito era el de los Criollos de Caguas y los Yanquees de New York. Reconocía los peloteros, el equipo que pertenecían, la posición que jugaban y sus nombres de las ligas locales y de grandes ligas.

Su pasatiempo favorito era jugar dominó. Hasta dormido hablaba como si estuviera jugando. Mencionaba a Ayala, Compay Suncho. La Mimosa, entre otros. Le disgustaba perder las partidas de dominó y cuando perdía se iba del sitio con cualquier excusa para su casa, pero cuando ganaba el juego… gozaba.

Dominaba muy bien las matemáticas. Sumaba y restaba con gran facilidad a pesar que solo estudió hasta sexto grado.

Siempre que pasaba por la Carretera #1, frente a Bairoa de Caguas veía la escuela y repetía: "Ahí estudié yo. Venía con Bruno desde aquella vega que está allá abajo, nos tirábamos a pie y descalzos”.

Su atuendo común era pantalón largo y guayabera. Gustaba de usar sombrero, boina o gorra como podemos observar en la mayoría de las fotos.

Su bebida favorita era el whiskey y su programa de televisión era “La Comay” con Kobo Santarrosa.

Sentía gran orgullo por la música típica que interpretaban sus hermanos Ramito, Moralito y Luisito. Entonaba muy bien algunas canciones en su casa.

Viajó varias veces a New York de vacaciones. Compartió y disfrutó con sus hijos Norma y Héctor.


También visitó en Orlando a su hija Panchy. Durante su último viaje, enseñó a sus nietos Kiro y Oscar a jugar dominó. Le enseñó la clave “dale pajarito”, que debían decir para que tiraran la ficha que deseaba.

Recordaba con placer que durante ese viaje a Orlando los hermanos Fuentes Rodríguez a quienes los nombraba como el Compay Israel y Compay Tati lo llevaron a St. Agustine y a Disney. Le pagaron todo y le hicieron pasar momentos felices e inolvidables. Recreó este viaje hasta sus últimos días en el hospital.

Una anécdota que contaba. Yo era jovencito. Estaba cayendo la noche y con un amigo velábamos a Benicio López mientras sacaba ron cañita. Me dijo si quería probarlo y me di un jiguillazo. Oí cuando me preguntaron si esta bueno y contesté: “Claro, si es de los primeros chorros. ¿Quieres probarlo también?” Cuando miré a ver quién me hablaba me di cuenta que era un oficial de la policía. Me arrestó, y me metieron preso por unos días. Fue la única vez en mi vida que tuve problemas con la Justicia. No volví más nunca ni a sacar ron, ni a velar a nadie mientras lo sacara, pero si me daba mi palito cuando alguien me lo ofrecía.

Cuando interrumpían la energía eléctrica por alguna avería llamaba a la Compañía, contestándole la grabadora, a la que insultaba pidiéndole que le pusiera a su jefe.

Si la factura del servicio de agua le llegaba con cargo estimado decía: “Este charlatán no leyó el contador por estar pensando en la droga, lo voy a velar el mes que viene y lo voy a reportar al supervisor”.

Llamaba a los familiares por teléfono y al momento le decía: “Toma Cheva, aquí está fulano que quiere hablar contigo”.

Le gustaba ir a la casa de su hija Mirta porque le daba buen café. Esta le preguntaba: “¿Papi, quieres café?” Siempre le contestaba: “Claro, un dron”.

Durante los veranos disfrutaba del turismo interno en los “campings” organizados por sus hijas, pero la condición para ir era que sus sobrinos políticos Librada y Milito estuvieran. Decía: “Si Milito va, Cheva y yo vamos, pero si él no va mejor me quedo en casa.” Estuvo en los campings de “Seven Seas” en Fajardo, Playa de Luquillo y Playa de Añasco, pero el más apreciado para él fue el de Mar Chiquita en la Casa de Doña Fela. Ese fin de semana lo disfrutó mucho e hizo reir con sus chistes al grupo familiar. Recordaba que en esa playa encontró una señora muy conversadora y chistosa pero que era “tan y tan fea que parecía hecha con pedacitos de sapo concho”.



Otra anécdota de sus años de anciano. Encontró un viejo amigo en la plaza de mercado. Debido a que ya no escuchaba bien éste fue el diálogo:
-¡Eh! Hola, Lázaro. ¿Cómo estás?
-Olé, olé, olé. Yo lo más bien. ¿Y tú?
-Chico, me asaltaron. Me golpearon, estuve en el hospital bien malo, No me aseguraban, pero ya ves aquí estoy aunque chavao todavía camino.
-¡Ah! Vaya, vaya, vaya. Qué bueno, me alegro, me alegro. Nos vemos, nos vemos.

Recordamos que cuando pasaba la guagua de mantecados para que se detuviera y poder comprarle decía: “Párate ahí, cxxxxn”.

Fue a la celebración del quinceañero de su nieta Lisenia. Bailó con su esposa, con todas sus hijas y con su querendona; la homenajeada.

Tuvo varias pérdidas de familiares y amistades, pero por el único que lloró fue por su amigo Pepe Berríos.

Sentía terror por los alacranes y si alguien decía que encontró uno; prefería irse del lugar.

Leyó sin espejuelos hasta sus últimos días. Gustaba leer el periódico El Vocero.

Fue el único de los hermanos Morales Ramos que tuvo un solo matrimonio y también fue el único que no procreó hijos extramaritales.

Estaba muy orgulloso de sus hijos porque todos son trabajadores, son buenos seres humanos, sin vicios de drogas, todos estudiaron y se ganan la vida honradamente.




Todos los domingos asistía fielmente a nuestra reunión familiar en casa acompañado de Mami. Durante sus últimos 2 meses de vida, decidió no venir, pero permitía que Mami sí se reuniese y le llevara “un poquito” de comida. Ahora reflexiono, que nos preparó para su ausencia.



Dios le concedió la bendición de criar su familia unida, disfrutarla por muchos años y ver a sus hijos convertidos en ciudadanos de provecho.

Por Iris Morales Pizarro (moralesi@prtc.net)
12 de agosto de 2005


EL MENSAJE DE MI PADRE

En un día muy nublado,
inundado de dolor
me llené yo de valor
pensando tener derecho.
Con mi dolor en el pecho
Le pregunté a mi Señor.
¿Por qué, Señor, por qué,
me arrebatas a mi padre
hiriendo así a mi madre
y dejándome maltrecho?

Una luz de un brillo hermoso
en mi rostro se posaba
sólo a mí me alumbraba
y me llenaba de reposo.

El Señor con gran ternura
sus razones me dictó
y mi corazón libró
de todita mi amargura.

Esto dijo mi Señor:
"Solo yo soy la luz y el camino;
hoy tu padre está conmigo
reposando en mi regazo.

El te envía a ti su abrazo
y te pide que seas fuerte
porque yo le di la suerte
de venir a mi llamado.

A Lázaro, mi hijo amado,
hace tiempo lo esperaba,
aunque yo lo había llamado
y dispuesto se encontraba.

Me pidió que lo prestara
por más tiempo con los suyos
pues tenía unos capullos
que quería ver crecer.

Como yo tengo el poder
de llamar o dar dispensa
le concedí la recompensa
por haberme sido fiel.

A sus hijos vi crecer
y reconocer mi grandeza
y aunque cause gran tristeza
me lo tengo que traer.

No se aflijan hijos míos;
porque hoy traje a su padre.
Ahora escuchen mi mensaje
que es de paz y es de amor.

Mi Lázaro escucha al ruiseñor
como nunca había escuchado,
su dolor he desterrado
de su alma que es ya mía.

El les pide todavía
con gran amor y humildad;
que recen por la humanidad,
por María y por mi Padre.

Y que siempre se consagre
mi Iglesia y su Guía
porque yo haré muy mía
la salud de vuestra madre.

En memoria de Lázaro Morales Ramos 26 de marzo de 1998 por Luis E. Romero.